Se viven tiempos de cambio en el mundo en relación con las plantas proscritas el siglo pasado por NNUU en las Convenciones contra el tráfico ilícito de estupefacientes de los 60s, 70s y 80s. En Estados Unidos y Canadá han legalizado la cannabis, junto con Uruguay y en menor medida Colombia (1) , Argentina y Chile, pero a nosotros no se nos ha ocurrido hacer siquiera los cambios mínimos necesarios para preparar el eventual lanzamiento de nuestro recurso natural más internacional a ese enorme mercado.

Si bien la hoja de coca es legal en el Perú, esa legalización es pírrica. La presencia del monopolio estatal origina fallos en el mercado, contrabando interno y la ilegalización de facto que sufre la hoja de coca en el país de los Incas. 

Los grandes números.

Hace un par de años la Gerencia de Estudios Económicos de Adex, realizó un estudio aproximativo al mercado que podría generar la hoja de coca legal en el mundo, tomando en cuenta unas cuantas categorías: sustitutos del calcio, bebidas y alimentos energéticos, fitness y control del apetito y alimentos de soporte a prediabéticos. Del total de esos mercados mundiales se le otorgó a la coca y derivados legales solo el 5% de participación, la misma que arrojó US$40,000 millones al año. No se consideró otros mercados interesantísimos, como abonos orgánicos –Colombia ya empezó con esto–, pesticidas, alimentos para animales, promotores de la actividad sexual –gigantesco mercado-, sustitutos naturales para la cocaína –un mercado de 900 millones de personas–, entre otros. 

Tampoco se definió ahí la cantidad de hoja de coca que se podría destinar a dichos emprendimientos, ni la cantidad de gente que se podría emplear, ni los sistemas de cooperativismo o asociativos a implementar, ni cuántas de las 60,000 hectáreas de coca actualmente sembradas en el país se podrían utilizar. Asimismo, no se evaluaron los niveles de inversión requeridos, ni el largo etcétera que acompañaría implementar esta visión. 

Cuando fuimos con Rafael Canovas, gerente general de Empresa Nacional de la Coca (Enaco), a presentar el estudio a Juan Carlos Mathews, por esos días viceministro de Produce, se le abrieron los ojos como platos y sugirió abrir una mesa de prospectiva multidisciplinaria para aterrizar estos temas. Dicha iniciativa se tropezó muy pronto con El Niño Costero y terminó de desinflarse con la renuncia de Mathews al ministerio. Hay que empezar de nuevo por ahí.

Por su cuenta, ENACO ha venido haciendo lo imposible para mantener el rol que le impuso la Convención de Viena de 1961 en el monopolio de la hoja de coca. En un Perú en el que el consumo legal de la hoja ha venido creciendo fuertemente y el narcotráfico continúa con sus operaciones, la eficiencia y eficacia de ENACO se han reducido drásticamente. La actual administración, liderada por Cánovas, ha hecho de todo para enfrentar y superar los innumerables obstáculos políticos, normativos, legales, burocráticos, sociales, comerciales, organizativos y financieros que ha heredado de décadas de ya avinagrada fermentación burocrática. Pero ya la empresa no da más. 

Ahora se requiere de un cambio radical. 

Durante los últimos años ENACO ha comprado cada vez menos hoja y se enfrenta sola a todos los problemas que le impone su crítica situación de empresa estatal al borde de la quiebra. No solo debe comprar, compitiendo con los mejores precios del narcotráfico, sino además debe acopiar, distribuir, transformar, comercializar y mercadear, y hacer de colchón social y negociador político con los justos, airados y a veces exagerados reclamos de las organizaciones de cocaleros. Nada bueno saldrá de esto.

Cocaleros con sacos de coca a las puertas de la sede de ENACO en Tingo María. Foto: Inforegión

Por otro lado, su deteriorad capacidad logística, profundizada por el creciente consumo de la hoja de coca en todo el país –revisar el último estudio del INEI al respecto– incentiva el contrabando interno, que abona la microcorrupción de la policía, genera fallos de todo tipo en el mercado y termina ayudando a mejorar las relaciones de los cocaleros con el narcotráfico: todo lo contrario de lo que se esperaba de ese monopolio estatal. 

Una mención final para la calidad. La hoja de Coca ya casi no se siembra bajo parámetros de calidad orgánica,  organoleptica ni  microbiologica, ya que al narcotrafico no le interesa y al Estado tampoco. Esto dificulta a la industria seria, contar con material apto para algo más que la extracción de cocaina. La única hoja de buena calidad (color, sabor, olor, principios activos plenos, sanidad, etc.) se encuentra en el mercado negro.

Sin embargo, hay solución a todo este desmadre. La misma Convención de Viena la propuso cuando nos dio a optar entre generar un monopolio estatal o un ente supervisor –especie de SUNACO– que supervise, controle y promueva la producción y comercialización legales. ENACO no puede hacer eso y a la vez comprar y distribuir a nivel nacional la creciente demanda de hoja de coca. 

La posibilidad de convertir ENACO en SUNACO, debe discutirse al más alto nivel. 

Permitamos que los agentes naturales del mercado le den a la hoja de coca legal un espacio cada vez mayor, sin los fallos económicos y sociales que produce la actual presencia de ENACO.

Aprovechemos luego todas las posibilidades que puede tener este potente y tan manipulado insumo en un mercado de productos naturales que crece geométrico en todo el mundo. 

Hemos venido jugando el juego del narcotráfico casi sin darnos cuenta. Ahora que el mercado mundial está cambiando ya viene siendo hora de adecuarnos a ese nuevo juego.


(1) Se afirma que en futuro muy próximo el mercado de exportación de cannabis será en Colombia mayor que el de flores y café juntos.


(Foto cabecera: theculturetrip)


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